21 de diciembre inicia el Despertar. Cuando decimos "Despertar de Consciencia" no es volverse un bicho raro, es dejar de comprar mentiras que brillan.
- Claudia Vallejo.angeles
- 21 dic 2025
- 5 Min. de lectura

Estamos viviendo un momento astrológico clave. Sagitario es el signo de las grandes verdades, las filosofías y las religiones. Son esas "flechas" que nos indican hacia dónde mirar. Durante mucho tiempo, hemos actuado y vivido bajo creencias que no eran nuestras, sino heredadas: "Hago esto porque así me enseñaron" o "Creo en esto porque es lo que se espera de mí". Esas flechas nos las imponían para que miráramos a un mismo lugar. Pero ahora, el universo nos invita a replantearnos nuestras propias verdades, a cuestionar esas "flechas" y a buscar dentro de nosotros mismos. Este es el momento de crear nuestro propio camino, de mirar hacia donde realmente deseamos y no solo hacia donde nos han dirigido.
Con la influencia de Sagitario, se nos abre la puerta a la expansión de nuestra consciencia, a la exploración de nuevos horizontes y a la aceptación de nuestra autenticidad. Es una oportunidad para liberarnos de las ataduras del pasado y abrazar el poder del presente. Así, nos convertimos en los verdaderos arqueros de nuestro destino, eligiendo nuestras propias flechas y disparándolas hacia el futuro que realmente anhelamos.
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TEMPORADA DEL CAOS PARA CREAR.
Pero, estamos viviendo un caos para ordenar, y lo primero que necesitamos ordenar es nuestra propia fe. Sagitario rige nuestras verdades. Durante mucho tiempo, esas verdades no fueron nuestras, sino "compradas" a un sistema que nos enseñó a actuar por fe ciega o por miedo a no encajar.
¿Esto que creo hoy lo elegí yo, o me lo enseñaron para mantenerme ocupado?
Llevamos años sumergidos en un supuesto "despertar" que, si somos honestos, nos lo vendieron con el empaque equivocado. Nos hicieron creer que la espiritualidad era una competencia de ( "luminati" como lo llamo yo).
Si algo sale mal, es por tu karma.
Si no logras tus metas, es porque no te esforzaste lo suficiente.
Si estás triste, es porque no pensaste en positivo o "no vibraste lo suficientemente alto".
Si enciendes luz o prendes incienso eres "bruja".
La espiritualidad no se trata de alcanzar la perfección o de cumplir con un conjunto de expectativas externas. Es un camino hacia la aceptación de uno mismo, con todas nuestras luces y sombras. Es aprender a amarnos tal como somos y a encontrar paz en medio del caos.
En esta era digital, donde la información y las opiniones están al alcance de un clic, es crucial recordar que la verdadera sabiduría proviene de nuestro propio corazón. No necesitamos compararnos con los demás ni seguir un camino impuesto por la sociedad. Al fin y al cabo, la espiritualidad es una experiencia personal, íntima y profundamente liberadora.
Así que en este solsticio de invierno, mientras nos reunimos para reflexionar y conectarnos en comunidad, recordemos que la luz que buscamos ya reside dentro de nosotros. No necesitamos buscarla en el exterior, solo necesitamos abrirnos a ella con amor y honestidad.
Seamos claros: Esa "espiritualidad" se sostiene sobre nuestro miedo más profundo: el miedo a no lograrlo, a no llegar a tiempo o, peor aún, a no encajar. Es el mismo miedo de siempre, pero ahora disfrazado de incienso y frases motivacionales.
Este sistema de creencias nos ha llevado a la desconexión más peligrosa de todas: la desconexión de nuestro propio cuerpo. Nos quieren ocupados, nos quieren cansados y, sobre todo, nos quieren dudando de quiénes somos. Por eso todo se volvió urgente. Nada es suficiente, todo debe lograr se rápido, debes ser el primero, el más exitoso, el que tiene todas las respuestas. Y en ese afán por alcanzar una perfección inalcanzable, olvidamos disfrutar el simple acto de ser.
Es importante recordar que la verdadera espiritualidad no se basa en la velocidad ni en la competencia, sino en la conexión genuina con uno mismo y con el entorno. Se trata de encontrar paz en el presente, de aceptar nuestras imperfecciones y de abrazar el proceso de crecimiento personal sin prisas ni presiones externas.
En este mundo acelerado, tomémonos el tiempo para respirar, para sentir, para vivir de manera auténtica y consciente. Que nuestra espiritualidad sea una fuente de amor y aceptación, no de miedo y ansiedad. Así, podremos reencontrarnos con la esencia de quienes realmente somos y construir un camino de bienestar integral.
El descanso se volvió un lujo o un premio que debemos "ganarnos", después de 1 año de trabajo sales a Vacaciones.
Vivir despacio se etiqueta como fracaso. Parece que si no lo logras rápido y no llegas a lo más alto posible, no vales. Y ahí está el truco: un ser agotado es mucho más fácil de manipular que un ser que se detiene a sentir sus propias fronteras.
Tus logros no son los mismos de los que publican en redes es más, ellos también se sienten desconectados.

Despertar es recuperar el Trono.
Muchos creíamos que despertar es entrar en un estado de paz perpetua donde negamos la sombra. ¡Nada más lejos de la realidad! Una espiritualidad que te exige negar tu sombra no es espiritualidad, es anestesia. El universo es Yin y Yan. Masculino y Femenino.
En mi caso entendí que el verdadero despertar no trae seguidores. El objetivo real no es que alguien te siga qué le digas como pensar o cómo vibrar, sino crear seres soberanos, que sepan como hacerlos solos y apoyandose en el camino. Despertar es que te devuelvan la capacidad de sentirte y de discernir por ti mismo.
Despertar no es volvernos especiales... ¡ya somos especiales por diseño divino!
Iniciaremos varios ciclos que simbolizan el cierre de un periodo. Los 12 días de Yule nos preparan para enfrentar la oscuridad. El Solsticio de Invierno nos advierte sobre la llegada de tres meses marcados por una energía transformadora, mientras que el ingreso del Sol en Capricornio nos indica las estructuras que necesitamos establecer. Además, la entrada de Lilith en Sagitario nos incitará a cuestionar profundamente nuestras creencias.
El fin de la mentira vestida de luz. Si estas palabras resuenan en nosotros hoy, no es porque estemos "dormidos" o nos falte camino por recorrer. Es todo lo contrario: es porque nuestra alma ya no acepta la mentira.
Ya no nos importa si la mentira es vista como "normal" por la sociedad, o si se viste con las túnicas más brillantes de la luz. Si no respeta nuestra soberanía, nuestro cuerpo y nuestra verdad, no es nuestro camino. Estamos ordenando el caos y, en este nuevo orden, nosotros somos los dueños de nuestra propia flecha.















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